Amelia volvió sobre sus pasos, todavía en forma de loba, moviéndose entre los árboles como un destello plateado. El combate seguía resonando en cada músculo, la sangre exiliada impregnada en su pelaje, el eco del vínculo latiendo todavía en su pecho como un golpe sordo.
Astrynn estaba inquieta dentro de ella.
Regresa a él, murmuraba, un impulso animal, primitivo, imposible de ignorar del todo.
Pero Amelia apretó los dientes, deteniendo ese instinto.
No. Tenía que volver. Tenía que demostrar que