La madrugada cae sobre la manada Luna de Plata como un manto espeso.
No es una noche normal, aunque el bosque intente fingir lo contrario.
Las hojas se mueven con brisas suaves, los animales nocturnos vuelven a sus rutinas, y la luna, ya más baja en el cielo, parece agotada después de haber sido testigo de un nacimiento más. Un nacimiento… y algo más.
Acompañé a Amelia hasta que estuvo completamente dormida. Luego me quedé un rato sentado a su lado, solo observándola, asegurándome de que respir