La casa de Amelia estaba sumergida en una calma extraña. Afuera, el bosque parecía aún atento al eco del ritual, como si los árboles siguieran murmurando lo que habían presenciado. Pero dentro, solo había silencio… y respiraciones entrecortadas.
Dorian había acompañado a Amelia hasta la puerta tras haber caminado juntos desde el claro. No la soltó en ningún momento, no hasta que ella lo miró, todavía en forma humana pero con un temblor nuevo en la piel, un temblor que no pertenecía al frío.
Ella