El cielo comenzaba a teñirse de un rojo intenso, como si la misma atmósfera supiera que la sangre estaba por correr. El sol asomaba tras las montañas, pero su luz no lograba calentar el ambiente. Al contrario, el aire se sentía denso, cargado de electricidad y de un odio profundo que podía tocarse con las manos.
Era el amanecer más esperado y, a la vez, el más temido por todos.
—¡¡MARCUS!! —el rugido de Kai resonó como un trueno, sacudiendo el suelo bajo sus pies—. ¡Sal y enfréntame como el cob