El regreso de Kai al Palacio de Obsidiana fue un torbellino de furia contenida. Sus ojos dorados brillaban con una intensidad peligrosa, un fuego que lo consumía por dentro. Atravesó los suntuosos pasillos sin detenerse, con un propósito único. Sara, ajena a la verdadera magnitud del volcán que estaba a punto de entrar en erupción, lo esperaba con una sonrisa forzada, intentando disipar la tensión de su prolongada ausencia.
"Kai, querido, ¿dónde has estado? Cozbi te ha extrañado," dijo Sara, ex