El eco de las palabras de Kai, exigiendo la verdad, aún reverberaba en los muros de la habitación de Lairael. Valeriah, paralizada por la impresión de encontrarlo allí, con su hijo en brazos, solo pudo reaccionar con un instinto primordial: la protección. "¡Vete, Kai! ¡Sal de aquí!", bramó, y una ola de energía, pura y elemental, se desprendió de ella, buscando repelerlo.
Kai, con Lairael aún contra su pecho, sintió la embestida de la magia de Valeriah. Podría haber resistido, incluso haberla c