VASTYR Miraba el fuego sin poder pensar en nada claro cuando, de pronto, algo rozó mi pierna herida.
El dolor fue inmediato. Por instinto la aparté, torpe, demasiado tarde.
Entonces la vi.
Aztrid.
—No te muevas —dijo, y no fue una petición.
Volvió a tomar mi pierna y comenzó a aplicar aquella pomada espesa, de olor amargo. Ardía, como si