La esfera de luz flotaba sobre mi palma como un corazón pequeño y obstinado. Su brillo apenas alcanzaba a rasgar la oscuridad del pasadizo, pero era suficiente.
Avancé.
El aire ahí abajo tenía el sabor del polvo antiguo y del abandono. Cada paso levantaba ecos que no parecían míos. Recordaba ese lugar. Recordaba el frío en los huesos, el miedo trepando por mi espalda la última vez.
Y la recordaba a ella.
La mujer encorvada en el rincón, con la piel pegada a los huesos y los ojos demasiado grand