Corrí hacia ella sin pensarlo, casi tropezando con la tierra suelta del suelo. La luz temblorosa que emitía la esfera en mi mano proyectaba sombras agitadas por toda la habitación, pero aun así pude verla con claridad:
La mujer seguía allí, tirada sobre el suelo frío, atada de ambos tobillos con cadenas gruesas, la piel marcada, los ojos hinchados por el llanto… y con un vientre que revelaba sin duda que estaba embarazada.
Una visión que desgarraba el alma.
—Voy a sacarte de aquí —le prometí, a