Aztrid regresó al caer la tarde, cruzando el patio como si el mundo entero le debiera una explicación por cada día que estuvo fuera. Su paso era firme, casi agresivo; el tipo de firmeza que usaba cuando quería que todos giraran a verla.
Pero ese día… nadie lo hizo.
Solo Kael y yo permanecíamos en el patio exterior, afilando armas para la guardia nocturna.
Aztrid se detuvo frente a nosotros. Esperó. Respiró. Enderezó la espalda como si fuera a anunciar algo importante.
Nada.
Kael siguió afilando