Luna
El amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación principal, dibujando patrones dorados sobre las sábanas revueltas. Luna abrió los ojos lentamente, sintiendo cada músculo de su cuerpo protestar ante el más mínimo movimiento. La batalla había dejado marcas en todos ellos, cicatrices visibles e invisibles que tardarían en sanar.
Se incorporó con dificultad, apoyándose en sus codos. El vendaje que cubría su costado estaba manchado de un tenue color rojizo. La herida había sido profun