Luna
El amanecer apenas despuntaba cuando Luna abrió los ojos. La habitación que Zane le había asignado en la casa principal era cómoda, pero se sentía como una jaula dorada. Tres días habían pasado desde su llegada oficial a la manada de Zane, y aunque muchos la miraban con recelo, ella había tomado una decisión: no sería una carga para nadie.
Se levantó y contempló su reflejo en el espejo. Sus ojos, antes apagados por el dolor del rechazo, ahora brillaban con determinación. El rostro que le d