El Gran Alfa
—¿Doctor, se encuentra bien?—El jefe lobo preguntaba con cautela, observando como el vampiro flotaba absorto con la vista en la luna. —¿Se descontroló?
El vampiro continuó inmóvil como una estatua.
—Señor, mejor es que nos marchemos, continuemos sin este personaje; pronto vendrán más de esos soldados con botas de caucho o cosas peores; por favor, síganme—, el príncipe Checo les señalaba un camino blanco.
—No me voy sin mi amigo—, el gran Alfa apenas nombró eso, cuando una brisa le