ALBERTO
—Ya alcanzo a oler a los cientos de indígenas de ese poblado; según la información de Simón y Ximena, hay se encuentran las cárceles en donde tienen secuestradas a mi madre y a mi hermano.
—Señor, con todo respeto, ¿eso es lo que lo tiene nervioso?
—No, Wilson, o tal vez, es que no sé cómo reaccionar al reencontrarme con ellos, no sé si lloraré al ver a mi madre y, sobre todo, me hace falta Mariana; le rogué mucho a mi padre que la asignara a mi equipo—, Alberto suspiró deteniéndose, in