MARIANA
Corrió día y noche, esquivaba los pueblos, los humanos y algunos olores extraños. Descansaba unos segundos en lo alto de un árbol, para evitar ser cazada. En su recorrido aprendió a cazar y a comer pequeños animales, lo que su parte humana repugnaba y que su parte felina degustaba; por ejemplo, le encantó sentir como los vellos de una tarántula le rascaban la garganta y el jugo que brotó al morderla. Se extasió con los aromas de los bosques que cambiaban a medida que ascendía rumbo a la