YORBIN
Era como si la piel se le fuera a reventar por la emoción del combate; aunque a algunos ya se les dibujaba la derrota en el rostro, a este guerrero aún le quedaban fuerzas para blandir su espada. Al principio, al atacar, pronunciaba los nombres de sus golpes especiales; ya después de recibir cortadas y de malgastar energía, embestía callado o retrocedía defendiéndose de los feroces ataques vampíricos.
—Simón, ¿cuánto tiempo debemos esperar? —por unos segundos se dejó llevar del desespero