MARIANA
La mansión tembló con ese rugido, ante eso todos los guardaespaldas acudieron al salón principal con las armas listas.
—¡Alto no disparen!—. Alberto ordenó a todo el personal.
Todos se apartaron contra las paredes, rodeando a Mariana, quien ante sus ojos sus extremidades se alargaron a su vez que se le llenaban de pelo amarillo y negro, sus ojos se tornaron verdes y un largo rabo se le salió del vestido.
—No puede ser, ella es un gato asqueroso—. El alfa transformó las manos en unas pod