LUISA
El enorme lobo atacaba a la guerrera. Ella esquivaba y se cubría retrocediendo.
—Por favor, Luisa, no puedes retroceder por siempre. Tu estrategia no puede ser la de esperar a que se pase el tiempo, sabes que al llegar la noche mi fuerza se multiplicará. —El Alfa gruñía enseñando los colmillos. —Es mejor que utilices esa espada maldita, la legendaria Dármela, fundida con la sangre de diez mil personas.
Luisa le hizo caso; desenfundó la espada que exhalaba un brillo negro, lanzándole a cor