ALBERTO
—Alberto, ¿no sé cómo fuiste capaz de aceptar los términos de ese mafioso de pacotilla?
—Sheila, es que no teníamos otra opción.
—Es cierto, pero tenemos que devolvernos, debimos de haber pedido que nos prestaran un auto.
—No quiero tener que deberle más favores a esa plaga.
—En eso tienes razón, aunque prácticamente somos familia, pues los compromisos ya quedaron sellados, lo único que falta es legalizarlos con una enorme fiesta y finiquitarlos con unas bodas en la mejor iglesia.
—Shei