SHEILA
—Alberto sigue encerrado en su habitación.
—Aunque lo entiendo, ya lleva mucho ahogado en su pena. Tú eres su hermana, Sheila, debes hacerlos entrar en razón, no se puede quedar a llorar por siempre.
—Eso lo sé, Renata; lo que sucede es que cada quien tiene diferentes modos de llevar su pena.
—¿Y ya sabe la madre y el hermano de Alberto, la tragedia?
—Por supuesto, ya los trajeron del centro de reposo; también están esperando a que salga.
—En ese caso yo no puedo esperar más, voy a entra