141; REGRESION

Mariana

—-pensaba que estarías agradecida conmigo porque te ayudé con el Wendigo—; Mariana miraba a su alrededor, intentando buscar una piedra o un pedazo de garrote y no alcanzaba a ver algo que se le asemejara. Mientras tanto, la niña de mil cabezas arqueó la espalda hacia atrás y, después de emitir un chillido como de murciélago, dijo estas palabras: —Yo no pido ayuda, por lo tal, no le debo nada a nadie y, sobre todas las cosas, no dejo escapar una presa.

Mariana se preparó para atacar de f
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