RAFAEL
—Mi comandante, estamos buscando a nuestro hijo; tememos que esté en el bosque.
—No creo, él debe de estar al igual que usted y todos los del pueblo en la plazoleta pública, viendo cómo su magnificencia ajusticia a los traidores. ¿Por cierto estamos buscando a tres que se fugaron? ¿Los han visto?
—No, su señoría.
—¿Y ustedes quiénes son? ¿Es que preciso son tres?
—Somos naturales de aquí; ella es Ana, mi esposa; Miller, mi hijo retrasado; y yo soy Rafael, el cerdo, estoy para servirle—,