Mundo ficciónIniciar sesiónEl PRIMERO.
El Alfa se transformó en humano, movió los brazos como un director de orquesta y prosiguió con su relato. —Por supuesto, esa fue la primera condición; la segunda fue que, si consiguiera que se enamorara de él, pues sería humano para siempre, el clásico milagro de amor. Le tomó algunos días aprender a caminar en dos piernas, sufrió por el frío viento que lo azotaba sin su pelaje. Imito el pelaje humano con hojas y lianas. Se la pasó rondando la aldea, indeciso de entrar a saludarla, y en esas reflexiones fue capturado, acusado de espía. Esto le reveló un gran problema, algo por lo que alcanzó a suponer que la diosa era cruel, que en lugar de ayudarlo quería verlo sufrir. Él no entendía a los hombres y tampoco podía gruñir como ellos. De esa forma entró capturado y no como visitante de la forma que había imaginado.
La celda tenía un pequeño agujero por donde en las noches le suplicaba con aullidos a la luna. Unas veces la insultaba. Se completó el ciclo lunar y gracias a su forma de lobo pudo romper las paredes de madera de su prisión. Escapó al bosque donde practicó ese complejo lenguaje humano. Cuando supuso que lo dominó, volvió a incursionar en la aldea, donde esta vez fue tomado por loco, debido a su poco léxico y al testimonio de los guardias que lo cuidaron mientras estuvo prisionero.
El jefe de la tribu le encargaba algunas tareas simples; a medida que las hacía, se ganaba su confianza. Buscó a la joven de olor dulce y, con sus ojos humanos, la vislumbró aún más bella; parecía brillar más que la luna y el sol juntos. Poco a poco se hizo su amigo, observó que los machos de la tribu conquistaban a las hembras con piedras brillantes que encontraban en el lecho del río. Uno de ellos le llevaba algunas rocas pequeñas; comprendió que se trataba de un pretendiente. Llevado por la competitividad y debido a que conocía que en lo profundo del bosque existía una cueva con unas piedras más grandes y más brillantes, en la próxima transformación extrajo la mejor gema que pudo, trayéndosela para poder cortejarla.
Esto le funcionó, aunque también le despertó la codicia al jefe de la tribu, que lo instó a revelarle de dónde provenía tamaña joya. Por este descubrimiento, fue elevado de estatus, sin embargo, no le alcanzaba para pretender a la dueña de su corazón, debido a que se trataba de la princesa, la única hija del cacique, la cual ya estaba prometida al mejor guerrero, el principal culpable del exterminio de su manada. Lo recordaba muy bien, inclusive llevaba en el rostro una cicatriz de una mordida que le alcanzó a propinar su madre antes de que la asesinara. Ella le alcanzó a clavar los colmillos, desgarrándole la cara y quitándole un pedazo de la oreja izquierda.
De nuevo se sintió miserable, por suerte descubrió que podría retarlo a un duelo a muerte que perdió y gracias al gran jefe le fue perdonada la vida. Después vivió un calvario viendo cómo su enemigo acariciaba a su amada.
Él los guiaba a las minas y cierto día, fueron emboscados por otros lobos, llevados por su convivencia entre los humanos y conociendo las técnicas de ataque de su manada. Salvo a los hombres condenando a los de su verdadera especie. Su dolor se aumentó al ver la forma como sus semejantes fueron desollados para hacer ropajes y cobijas. También le tocó comer de esas carnes para no levantar alguna sospecha. En la noche, encerrado en su choza, evaluó si todo lo que tenía que soportar valía la pena, pues su objetivo parecía irrealizable. En esos predicamentos, una sombra rompió el silencio de su soledad, con suaves susurros le alegró la existencia. Se trataba de la princesa, quien guiada por sentimientos provocados por cómo la trataba de especial y el aborrecimiento que sentía por su prometido, a quien solo le gustaba asesinar y golpear. Entro llenándolo de caricias, y entre ambos descubrieron la manera de expresar el amor mediante la unión de los cuerpos, rompiendo la pureza de nacimiento, guiados por el instinto y la atracción animal.
Al amanecer, él estiró la mano para comprobar si lo que había sucedido era real, pero tan solo un dulce aroma y la tibieza de las cobijas le atestiguaban que todo fue real. Eso se repitió durante varias noches. Hasta que cuando llegó la luna llena, le tocó negarse, se fue al bosque. Cuando volvió, la encontró con su enemigo, esto lo llenó de ira, aunque en el momento se la tragó. Por la noche, en su encuentro furtivo, le reclamó, ella se justificó diciendo que era la culpa de él por dejarla sola, que fue obligada a buscar calor por el frío y que además era su prometido quien se tendría que casar a pesar de que no lo quisiera, por lo tanto, tendría que acostumbrarse.
Esto le dio vueltas en su cabeza, aunque siguió con sus encuentros nocturnos y en ocasiones diurnos, disfrutando cada segundo, pues entendía que no sería para siempre, debido a que ella pertenecía a otro hombre, pero ¿qué sucedería si su prometido desapareciera? Esto se le ocurrió preciso el día de luna llena. En la noche entró en la choza del guerrero, quien a pesar de que recibió el primer ataque, una mordida al cuello, este se levantó con gran agilidad, cogió un arma y también hirió al lobo, dejándolo tendido.
A la mañana siguiente fueron encontrados por unos vigías, por fortuna, el lobo ya estaba en su forma humana y el cazador muerto con marcas de colmillos. Dedujeron que se había tratado de un ataque de un animal salvaje y que el nuevo intentó salvar al mejor guerrero, quien no sobrevivió. Pasaron unos días, el asombro entre la tribu por la manera de que el sobreviviente se recuperaba tan rápido y los mareos de la princesa fueron los temas de conversación en las cenas.
Alcanzó a recuperarse antes de su cambio. Volvió con una enorme piedra brillante para reclamar a su amada, de esta forma lo logró. Se casó con ella en una noche en que la luna menguante parecía sonreír.
Sería bonito que la historia terminara en este punto, que finalizara con que vivieron felices para siempre, o fueron felices y comieron perdices, lástima que no.
Ella empezó a suponer que su marido se ausentaba en luna llena porque tenía otra mujer. Presa de los celos, lo siguió descubriendo su secreto. Él, en su forma de lobo, la descubrió espiándolo, mediante su increíble sentido del olfato. Trató de hablarle, pero ella gritó asustada. En su ayuda acudieron todos los guerreros de la tribu, agrediendo al lobo en el exterior, porque la hembra lo lastimó en el interior con varias palabras crueles. Ella contó la verdad en la tribu, todos cazaron al lobo, hiriéndolo de muerte, tan solo escapó lanzándose por un precipicio.
A medida que pasaban los días, el estómago de la princesa se abultaba, hasta que una noche de luna llena tuvo a un hermoso niño con cola de lobo. El jefe de la tribu decretó que tenían que sacrificar a la criatura mestiza. Lo colocaron en una piedra y cuando estuvieron a punto de partirlo, una sombra se lo llevó, dejando solo pelos en el aire. La diosa de la luna se llenó de furia, volviéndose roja, bajo del cielo, y transformó en lobos a todos los habitantes de la aldea. Unas generaciones después, los herederos de esta maldición se purificaron un poco al cruzarse con el linaje del niño con cola de lobo y de su padre, quien fue el que lo salvó del sacrificio. De esta manera todo se revolvió, surgiendo varias especies: humanos que se transformaban en lobos y viceversa.
—Espera, además, se suponía que, si ella se enamoraba del lobo, este sería humano para siempre, y eso no sucedió a pesar de que se casaron—. El guerrero de traje blanco quería ganar tiempo, esperaba a que llegara alguno de sus compañeros en su ayuda contra el feroz lobo, algo inútil, ya que no había ningún humano cerca.
—El que está mal, eres tú, supones que si alguien se une en matrimonio es debido a que están enamorados, quizás ella solo vio seguridad, o no tenía más pretendientes, o solo fue para que le calmara las ganas y El ego—. El alfa gruño, acercándosele.
—Es una bella historia, no la sabía. —el cazador se colocó en pose de pelea, esperando el ataque final.
—Si es una buena historia, es una lástima que solo se trate de la versión que se les cuenta a los cachorros. Cuando heredé el mando me enteré del verdadero origen, que no tiene nada de romántico. —El Alfa se transformó en un enorme lobo mostrando los colmillos que eran del tamaño de un sable.
—¿Cuál es? Por favor dime. —el guerrero era muy curioso, además de estratega.
—No se lo puedo decir, únicamente se les cuenta a los Alfas. Considérate afortunado de haber escuchado mi historia, tan solo eres un bárbaro de ese grupo de guerreros que cazan a los que consideran malos por ser diferentes. —El alfa escupió babaza, parecía que tuviera mal de rabia.
—Señor, pero es que cazamos a los monstruos que acaban con los inocentes. —el cazador seguía dilatando la pelea, a pesar de que sus esperanzas bajaban.
—Eso es estúpido, he sabido que han masacrado especies que nunca han dañado a otro ser, en cambio, nunca han levantado una mano contra hombres que causan masacres—. El Alfa retrató las patas para impulsar la embestida con la que liquidaría a su enemigo.







