El Gran Alfa
—Es increíble que sobrevivimos—, el capitán se santigua varias veces; aún no cree lo que sucedió; todavía espera a despertarse en su cama, con su esposa o su amante, que le dirá: “tranquilo, fue solo una pesadilla”.
Pero el rostro que observa es del detective Das, quien le quitó una mano de la boca, se la puso para evitar que gritara, y la otra con la que lo sostuvo para que dejara de luchar. Se limpia el sudor presionando fuerte y la cara le queda roja. Con un suspiro le comunica: