MARIANA
—¡Detente, monstruo o ánima en pena, o lo que sea que seas! —Mariana saltó con las garras listas y rasguñó al Wendigo desde la cabeza hasta la espalda baja.
—Ayayay, lamentarás haber regresado cuando pudiste escapar—; El wendigo soltó a la niña de las mil cabezas y giró embistiendo con sus enormes cuernos de alce a Mariana que por poco los esquivó contestando: —No es por ella, es que sé que de todas maneras me seguirás cazando y también que siento algo que me llama por este sitio, una p