La mañana amaneció gris, con una bruma persistente que parecía arrastrar en el viento los suspiros de quienes no habían podido dormir.
Coromoto era una de esas almas inquietas. Había pasado la noche en vela, abrazada por una mezcla amarga de rabia, tristeza y confusión, las palabras que le había dicho a Ángel retumbaban en su mente como ecos en una habitación vacía y su corazón no encontraba paz.
"¿Y si estaba equivocada?"
Apenas los primeros rayos apagados de luz cruzaron su ventana, su