Mundo ficciónIniciar sesiónEl hospital olía a desinfectante, a café recalentado y a esa extraña mezcla de tensión y rutina que solo conocen quienes trabajan allí día tras día.
Eran las 8:17 de la mañana y Ángel caminaba por el pasillo central desde el sector de urgencia infantil con rumbo al estacionamiento, con una libreta en la mano y unas ojeras que el café aún no le había borrado del todo. Había vuelto la noche anterior de la playa, directo a su departamento en Santiago.No habló con nadie, apen






