La lluvia caía con insistencia sobre los tejados, marcando el ritmo lento de una tarde gris y silenciosa.
El cielo plomizo parecía haber tragado todo el color del mundo, dejando a la ciudad sumida en una melancolía que calaba hondo, incluso bajo los techos más cálidos.
Era uno de esos días en los que los recuerdos pesan más de lo habitual, en los que la nostalgia se cuela entre los huesos y se niega a soltar.
Ángel observaba por el ventanal empañado con la mirada perdida, los brazos cruzados so