Esa mañana él ascensor descendía lentamente, como si el tiempo se hubiera detenido en cada piso.
Ángel apenas había comenzado la jornada, pero algo en su cuerpo ya estaba tenso, como si supiera lo que se avecinaba.
La rutina de aquel hospital era monótona, predecible, casi mecánica.
Las mismas caras, los mismos saludos breves, los mismos silencios incómodos entre colegas pero ese día, algo distinto flotaba en el aire.
Lo supo en cuanto las puertas del ascensor se abrieron en el quinto pis