Esa noche lo único que se puede sentir en el ambiente es el aroma del tabaco y el licor en su cuerpo.
Ulises yacía desplomado sobre una mesa al fondo con la cabeza apoyada en su brazo y una botella vacía de whisky como única compañía. Parecía completamente fuera de sí mismo, noqueado y con la respiración pesada en el cuerpo que parece inerte.
Una mesera se acercó con sigilo pero no llevaba una bandeja ni intención de limpiar. Miró hacia ambos lados asegurándose de que el resto de los borrachos estuvieran demasiado perdidos en sus propias burbujas para notar su presencia. Con movimientos expertos deslizó sus dedos hacia el bolsillo interior de la chaqueta de Ulises.
Sus dedos rozaron el cuero de la billetera.
La mujer contuvo el aliento tirando de ella milímetro a milímetro. Ulises no se movió..., parecía seguir sumergido en un sueño profundo a causa del alcohol. Sin embargo, justo cuando la billetera estaba a punto de salir por completo del bolsillo, el aire pareció congelarse.
En un