La suite presidencial del Hotel Grand Noir olía a cuero italiano y a whisky, un aroma denso que se aferraba a las paredes como si hubiera un perfume. Las luces de la ciudad que se filtraban por las cortinas espesas apenas logran iluminar el contorno del cuerpo de la mujer que esperaba junto a la cama king-size.
Sus dedos pintados de un rojo casi negro se retorcían alrededor de lo que quedaba de su ropa hecha jirones, el único obstáculo entre su piel y la mirada devoradora de Ulises Moretti.
Él no había dicho una palabra desde que la vio sentarse obedientemente... Solo la observó, recostado contra el respaldo de cuero de un sillón grande con un vaso de cristal tallado entre los dedos y los ojos entrecerrados como si estuviera evaluando el valor de un objeto antes de decidir si lo destruía o lo guardaba para siempre.
El humo de su tabaco serpenteaba hacia el techo mezclándose con el perfume floral que ella había elegido con esmero esa noche.
''Demasiado dulce'' pensó Ulises. ''Como si q