97.
Saqué el pendrive de mi bolsillo y lo sostuve frente a sus ojos. Él se quedó en silencio mirando el pequeño objeto mientras su respiración aún agitada golpeaba mi rostro.
— Aquí está la prueba, Alejandro — dije con voz firme, ignorando el temblor de mis manos — Fui a ver a Ulises porque era la única forma. En este dispositivo está la grabación de Isabella negociando la droga y planeando cómo usarte. Ella misma cavó su tumba.
Alejandro estiró la mano para tomarlo, pero cerré mi puño con suavidad.
— No podemos verlo ahora — le advertí, viendo cómo Marcus nos observaba con curiosidad desde la sombra — Ulises me advirtió que el archivo tiene un sistema de autodestrucción. Solo se puede reproducir una vez y luego se borrará para siempre. Si lo vemos nosotros dos en la intimidad, perderemos nuestra única oportunidad de destruirla frente al mundo.
La furia en los ojos de Alejandro empezó a transformarse en una comprensión fría. Se pasó una mano por el cabello, procesando el riesgo que había