90.

La conmoción en el salón era total pero el silencio que siguió a la revelación de nuestro matrimonio fue roto por un grito agudo y desesperado. Era Isabella.

— ¡No! ¡Esto no puede ser! — chilló abriéndose paso entre los invitados mientras se sostenía el vientre con ambas manos, dramatizando cada gesto — ¡Alejandro no puedes hacerme esto! ¡Estoy embarazada! ¡Llevo a un Rivera en mi vientre! ¡Ese niño es tu sangre y nos estás abandonando por esta mujer!

Vi cómo mis padres intercambiaban miradas d
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