50.
El nuevo refugio de Alejandro no era un penthouse, era más bien un departamento que aparentaba ser bastante común, pero el protocolo requerido y la increíble cantidad de cámaras de vigilancia e indiciaba que quizá era una residencia de alta seguridad. Incluso cuando Alejandro se estaba esforzando en mostrarme seguridad me sentía bastante encerrada.
Apenas llegamos, Alejandro me hizo sentar en un sofá de cuero. La puerta se abrió y entró un hombre con la nariz aún hinchada y un ligero corte en l