51.

Me incliné sobre el último expediente, sintiendo la punzada habitual de una migraña que se anunciaba. Con todas las cosas que estaban ocurriendo de manera simultánea necesito conservar mi propia cordura de alguna manera, pero a veces es como si el universo mismo se empecinara en no dejarme en paz.

En ese momento una secretaria, la eficiente y siempre imperturbable Elena, apareciendo en la cámara de intercomunicador directo en mi pantalla, con una expresión que era una mezcla perfecta de disculp
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