21.
El beso en el escritorio con Alejandro había sido un potente limpiador emocional, un reinicio. Pero, inevitablemente, tuve que volver a la mansión, y en ese ambiente viciado, el reinicio no duró.
Las cosas no mejoraron, sino que empeoraron.
Isabela había regresado del hospital y se había instalado en casa con el aire de una reina convaleciente, más insoportable y quisquillosa que nunca. Exigía silencio absoluto por las mañanas, luego música a todo volumen por las tardes. Criticaba la comida del