102.
Pasaron tres años antes de que Alejandro y Ámber decidieran que era momento de volver. La ciudad ya no se sentía como el campo de batalla que dejaron atrás. El aire parecía más limpio y el sol brillaba con una intensidad que hacía que todo se viera vibrante y lleno de color. Al cruzar las puertas de la vieja propiedad de los Rivera, la imagen era distinta: los jardines estaban llenos de flores vivas y ya no había esa rigidez gélida que los caracterizó por años.
Marcus y Daisy estaban en la entr