103.
— ¡No está! ¡La niña no, no está! — gritaba Aurora fuera de sí.
Ámber sintió que el mundo se ponía a cámara lenta. El bolso se le resbaló del hombro y cayó al suelo sin que ella se diera cuenta. Alejandro reaccionó como un resorte y corrió hacia el cochecito vacío con una expresión de terror que Ámber nunca le había visto, ni siquiera en sus peores momentos con los Rivera.
— ¡¿Dónde está mi hija?! — rugió Alejandro, tomando a Griselda por los hombros para que se detuviera — ¡Griselda, mírame!