100.

Ámber no se movió de su sitio a pesar de que Alejandro tiraba suavemente de su brazo. Ella miró a su esposo y le pidió con la mirada un momento a solas. Alejandro dudó pero al final retrocedió unos pasos para darle espacio. Ámber se sentó frente a Isabella en esa mesa que olía a flores marchitas y a derrota.

Ella volvió a sentarse frente a Isabella. La novia la miró con una expresión vacía mientras jugueteaba con el amuleto de plata que Ámber le había regalado. El salón estaba casi vacío y el s
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