Apoyé la cabeza contra el respaldo del asiento, observando cómo la mansión Laurent desaparecía poco a poco detrás de nosotros mientras el auto avanzaba por las calles de Nueva York. Había algo extraño en dejar aquel lugar atrás, como si por unas horas pudiera olvidarme de todo lo que había ocurrido entre sus paredes.
Sebastian mantenía una mano sobre la mía, entrelazando sus dedos con los míos mientras miraba por la ventana. No necesitábamos hablar; después de los últimos días, aquel silencio c