CAPÍTULO 70: PAPELES PROHIBIDOS
Elena
Cuando llego a la casa cierro con llave y corro el pestillo. Apago la luz del pasillo por costumbre y dejo encendida solo la lámpara del comedor. El sobre blanco que me traje de la mansión Hastings pesa más de lo que debería para ser papel. Me sudan las manos. Lo dejo frente a mí y me quedo mirándolo como si fuera una criatura viva. “No lo abras”, me digo. “Es meterte en problemas.” Pero ya estoy metida hasta el cuello y, si ese papel contiene lo que creo,