CAPÍTULO 51: EL DESPOJO Y EL RUEGO
Elena
Bajo por la vereda con los niños de la mano y no miro atrás. El barrio residencial queda a mis espaldas mientras Nico aprieta la pelota contra el costado y Lía se cuelga de mi brazo cantando bajito para espantar preguntas.
—¿Vamos a ver a la tía Teresa? —pregunta ella, esperanzada.
—Primero pasamos por casa —respondo, y la voz me sale firme, como si supiera lo que hago.
Tomo un taxi y cuando llegamos subimos de inmediato. La puerta del departamento apare