CAPÍTULO 50: LA CASA Y LA MENTIRA
Elena
Me ducho con agua tibia intentando borrar de la piel lo que no puedo sacar de la cabeza: sus manos, mi risa tonta, la arena pegándose donde no debía, su voz grave al oído. Le dije que sentía todo y ahora… ahora todo me pesa.
Lía dibuja en la mesa mientras Nico arma una pista imposible con sus carritos. Yo hago café y trato de que la cocina huela a algo más que remordimiento. La taza tiembla apenas cuando la poso en la repisa de la cocina. No quiero pensar