CAPÍTULO 49: EL PACTO ENTRE LEALES
Jacob
No sé quedarme quieto. Cuando la cabeza se me llena de ruido, muevo piezas hasta que todo obedece. Antes de que el sol termine de levantarse, ya tengo a tres personas al teléfono: el corredor, el abogado y el viejo Márquez, que me consigue lo que no existe y lo entrega sin preguntas.
—Quiero algo amplio —le digo al corredor, apoyado en la baranda del balcón—. Tres habitaciones mínimas, jardín, luz natural. Nada de mármol a la vista, nada de columnas ridí