CAPÍTULO 10: VIEJAS CICATRICES
Jacob
Cierro la puerta de mi habitación con calma fingida, pero no me muevo de inmediato. Me quedo allí, apoyado contra la madera, escuchando el eco de mis propios pasos en el silencio. Sé que ella está en la suite contigua, a lo mejor maldiciéndome, probablemente temblando todavía. Y sonrío, porque eso era exactamente lo que quería: que no pueda estar tranquila, que recuerde que yo siempre seré el hombre que la desarma.
No es casualidad que compartamos suite. Lo