Cuando el sol apuntaba a salir, dejé los documentos en los que había trabajado la mayor parte de la noche y me levanté a toda prisa de la silla. No veía la hora para que amaneciera y poder ir con Wyatt.
Fui a mi habitación y tomé una ducha larga y refrescante. Por más trabajo que hice anoche, no dejé de pensar en las palabras de mi madre y en ese beso tan delicioso que Wyatt me había robado. Es que hasta su atrevimiento me resulta fascinante. Cuando tuve suficiente del agua, salí envuelta en un