Jacob
Con manos temblorosas, Owen deslizó el segundo condón de la noche, y esta vez fui yo quien lo guié dentro de él, lento pero seguro, sintiendo cómo su cuerpo se adaptaba al mío. El aire entre nosotros era pesado, cargado de algo más que deseo: era ternura, complicidad.
—Dios… —murmuré, enterrándome en su calor. Era abrumador, como si cada fibra de mi cuerpo gritara que esto era correcto. Al otro lado de Isabella, Owen la penetraba con la misma reverencia, sus músculos tensos bajo mi pa