El suave resplandor de la televisión iluminaba la sala, donde los tres estábamos acomodados en el sofá. Owen ocupaba un extremo, con las piernas extendidas sobre la mesa baja, mientras Jacob, en el centro, tenía un brazo alrededor de mis hombros. Yo, acurrucada entre ellos, disfrutaba del calor de sus cuerpos y la película que apenas estábamos viendo.
—Entonces, ¿qué haremos mañana? —pregunté, tomando un puñado de palomitas del tazón que descansaba sobre mi regazo.
—Yo ya pedí vacaciones —d