Una vez que todos se sentaron alrededor de la mesa de la cocina, con los niños ahora despiertos y jugueteando tranquilamente en sus brazos. Luego se dieron cuenta que sería imposible hablar así que Isabella preparo una manta y colocaron a los peques en el suelo, el ambiente cambió. La cortesía inicial había terminado. Luis respiró hondo, entrelazando sus manos sobre la mesa. Su mirada de fiscal regresó.
—Jacob, Owen, Isabella puedo llamarles así — comenzó, dirigiéndose a cada uno — He revisado