Salvador
Nada más llegar a la mansión, junto a Federico que ha isnisto en quedarse conmigo esta noche, desisto de la invitación de mi primo de tomarnos algo y me encierro en el estudio, dejando el celular sobre la mesa, aún temblando un poco por la descarga de adrenalina. Afuera, la mansión está en silencio. El tipo de silencio denso que presagia tormentas.
Me dejo caer en la silla de cuero frente al escritorio y paso una mano por el rostro. El cansancio amenaza con derribarme, pero no puedo, n